Mariano Tovar

EL MITO DEL

HOMBRE LOBO

Desde la antigüedad hasta nuestros días

Los antiguos griegos ya hablaban de hombres que se transformaban en lobos, como Licaón, castigado por Zeus por su impiedad.

En Roma, Plinio el Viejo recogía testimonios de licántropos en su Historia Natural, mezclando folclore con observación.

Durante la Edad Media, el miedo al lobo adquirió tintes religiosos, y el hombre lobo pasó a ser símbolo del pecado y la posesión demoníaca.

Entre los siglos XVI y XVII, Europa vivió una oleada de juicios por licantropía, como los de Pierre Burgot o Jean Grenier, tratados como brujos o caníbales.

La licantropía fue incluso reconocida como enfermedad en tratados médicos del Renacimiento, donde se debatía entre lo físico y lo espiritual.

Pronto, el mito se fue diluyendo en la medicina y la psiquiatría, pero sobrevivió en la tradición oral y los cuentos populares.

Durante el Romanticismo, el hombre lobo resurgió como figura trágica, víctima de una maldición más que de su propia maldad.

La novela Wagner, the Wehr-Wolf (1847) fue la primera en convertirlo en protagonista literario, con tintes góticos y filosóficos.

En el siglo XX, el cine lo transformó en icono del terror con The Wolf Man (1941), estableciendo la luna llena como detonante.

A partir de entonces, el hombre lobo se volvió un clásico del horror, junto a vampiros y zombis, en películas, cómics y series.