Alejandro Sinate

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Gritos, manotazos y furia: Cuando Guardiola pierde los papeles ante las cámara.

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A PEP

Pep Guardiola es un entrenador  de adrenalina pura. Sus charlas  en los vestuarios son icónicas y demuestran su personalidad viva.

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Esa adrenalina se desborda en  el césped. En 2016, tras un empate contra el Dortmund, corrió hacia Kimmich y lo agarró intensamente  en mitad del campo.

Su show también sale a la luz en  la línea de cal. Sus reacciones a errores arbitrales o a acontecimientos del partido ya son icónicas.

Pero Pep tiene una línea roja innegociable: si una cámara invade esa intimidad o rompe su concentración, el 'amor' desaparece  y estalla la guerra.

En Agosto de 2023, mientras hablaba en el campo con Haaland, el catalán soltó un manotazo a una cámara que grababa la conversación.

El pasado noviembre, tras perder en Newcastle vivió su momento más caldeado: quitó los auriculares a un cámara y le gritó al oído.

Tras ello salió en rueda de prensa disculpándose públicamente: “Incluso después de 1000 partidos no soy perfecto, cometo errores”.

El 27 de diciembre, en Nottingham, Pep fue a celebrar con su afición,  pero un cámara se entrometió en su camino buscando un primer plano.

La reacción fue de echar al trabajador con gestos bruscos exigiéndole espacio para poder celebrar con  su afición sin nadie de por medio.

No es odio al periodismo, es obsesión por el fútbol. Para Guardiola, el césped es un templo y las cámaras pueden ser intrusivas.