Mariano Tovar

SANTA

SABANA

ASÍ ES LA

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Desde su aparición en el siglo XIV, la Sábana Santa ha sido venerada, analizada y cuestionada. Hoy, la tecnología permite observarla como nunca antes: detalle a detalle.

La Sábana Santa muestra el cuerpo de un hombre crucificado, impreso en negativo sobre lino. ¿Es el rostro de Cristo o una obra maestra medieval?

Las piernas están rectas, sin fracturas. La sangre fluye hacia abajo, lo que indica que el cuerpo estuvo en posición vertical antes de ser envuelto.

Estudios han detectado restos de aloe y mirra, usados en sepulturas judías del siglo I. El lino está impregnado de Helichrysum, un conservante natural.

El pecho muestra más de 120 marcas de flagelación. La herida en el costado derecho coincide con la lanzada romana descrita en el Evangelio de Juan.

El rostro aparece en negativo, con los ojos cerrados y la nariz rota. Algunos estudios han detectado inscripciones invisibles alrededor: “Jesús el Nazareno”, “INRI”, “condenado”.

Los hombros están dislocados, como si hubieran soportado un peso extremo. Las muñecas muestran perforaciones, no las palmas, como se pensaba tradicionalmente.

La espalda está cubierta de marcas de latigazos provocadas por un flagrum romano. La imagen dorsal es tan precisa como la frontal, algo imposible de lograr con pintura.

En la parte trasera se observan manchas de sangre en los talones. Bajo los pies se han detectado restos de aragonito, un mineral típico de las cuevas de Jerusalén.

Los pies muestran perforaciones compatibles con clavos. La postura es anatómicamente coherente con una crucifixión. No hay pigmentos, ni trazos de pincel. Solo imagen.