Llegó última, pero todos la recordaron. Llegó última, pero todas la abrazaron, la ovacionaron, como a una medallista de oro. La historia de Regina Martínez (Ciudad de México, 1992) va a contracorriente de la lógica, de la historia, de los roles establecidos, del ‘orden natural’ de las cosas. En el hospital y en el nevado campo traviesa. Doctora de urgencias y atleta a tiempo completo. Sin tiempo para el descanso. La deportista olímpica que salva vidas. La última por la que todos aguardaban, la que se llevó los vítores y los corazones. La que se robó un día olímpico y nadie lo esperaba. - Dos semanas después de tu gran día, ¿cómo te sientes? ¿Cómo está tu corazón? Lo que hiciste fue histórico... Todo se siente surrealista. Estoy muy feliz, muy agradecida. Sí fueron unas semanas muy intensas. Mucha emoción, un poquito de nervio, y después sentir todo lo que fue la hazaña. En general, me siento feliz. Y ahora estar de vuelta acá en México. - Cuéntame cómo fue la noche anterior a la competencia... Fueron seis días antes de la carrera que fueron muy intensos. Mucha emoción, pero también tenía mucha energía, porque cuando estás a punto de competir le vas bajando el volumen al entrenamiento. Entonces, tienes mucha más energía de lo que estás acostumbrada y eso me dio más nervio. En general, fue igual que cualquier otra carrera: no duermes bien. - Llévame al momento en el que estás en la línea de salida. ¿Qué pasa por tu cabeza después de tantos esfuerzos y sacrificios hasta que por fin estás a punto de competir y todo valió la pena? Fue pura emoción, la verdad. Antes de empezar ya estaba lista. Había estado esperando por este momento por tanto tiempo. No tenía mucho estrés, ni ansiedad, nervios, nada antes de empezar. Estuvo muy bonito estar presente. Estaba lista para disfrutar. Fue algo que me prometí: tengo que disfrutar esta carrera después de tanto sacrificio. Lo tengo que disfrutar sí o sí. - Y van avanzando los minutos... Siempre las pulsaciones las tengo arriba de 180 durante los 30-36 minutos que dura la carrera. Estoy muy presente a cada movimiento. Todo pasa muy rápido. Entras luego a la ‘cueva del dolor’ y de la nada llegas al final. Fue muy surrealista, porque estaba presente en cada momento, pero pasó todo tan rápido. Me costaron las subidas, porque fue una pista muy complicada, mucho más de lo que parece. La subida es muy intensa, es mucho más empinada que otras carreras; normalmente hay bajadas para recuperarse, pero aquí las bajadas estaban muy sutilmente difíciles. A veces llegabas con las piernas relativamente bien para dar las bajadas, pero te arriesgas a caerte, o a que se rompa un bastón. Fue una carrera bastante disfrutada, bastante presente y también calculada por la dificultad de la pista. Siempre duele este deporte. Creo que es el deporte más intenso que he hecho en mi vida. He hecho maratones, correr en campo traviesa, fútbol, basquetbol, tenis, natación, pero nada se compara con el esquí. - ¿Llegaste con dolor a la meta? En la recta final, pero con la adrenalina y la emoción de ver el público y la meta, y saber que lo iba a lograr... con todo eso, se me olvidó el dolor corporal. Lo disfruté muchísimo. Al llegar, una amiga me abrazó; si no lo hubiera hecho, sí hubiera colapsado al piso, pero ella me mantuvo ahí y me sostuvo. Lo que más disfruté fue la última parte de la carrera. Te abraza tu amiga, pero te abrazan también las medallistas y más competidoras. - ¿Esperabas ese recibimiento para ti de tus compañeras y rivales? La verdad, no. Sabía que iban a estar mis amigas al cruzar la meta, mi amigas de Brasil y de Irán, porque empezamos hasta el final. No me había percatado que las medallistas iban a estar ahí. Fue algo muy bonito. Fue como estar un sueño, por el cansancio y porque iban apareciendo mis amigas, las suecas, las medallistas. Fue increíble que me saludaran, me abrazaran, me felicitaran. Hasta me quitaron los esquís. Estaba tan cansada en ese momento que no me di cuenta que me los quitaron. Fui la primera mujer mexicana en esquí de fondo en Juegos Olímpicos de Invierno, y vivir ese momento histórico y estar rodeada de amigos, familia, mi novio, estuvo padrísimo. - Llegas a la meta. Terminas la carrera y, de repente, te vuelves noticia internacional. Te vuelves la imagen del día en los Juegos Olímpicos. ¿Cómo te sentiste con esa exposición? De repente, todo mundo conoció tu historia, que además era muy personal, muy tuya, muy íntima. ¿Cómo te sentiste con el hecho de convertirte de una desconocida a una figura internacional? Increíble y muy surrealista. Además de eso, estaba viviendo muchas emociones al mismo tiempo. Fue muy hermoso. Estuve cinco días muy abrumada por todo lo que pasaba. Después chequé mi buzón de Instagram y tenía mensajes de gente de todo el mundo: desde Londres, Guatemala, Nicaragua, Suecia. Tanto en inglés como en español. Gente que me dijo: “Wow, me hiciste llorar, me inspiraste”. Se me puso la piel chinita. Todavía lo sigo procesando. - ¿Cómo fueron los días posteriores a la carrera? Te quedaste en Milán-Cortina, fuiste a las competencias... Sí, los primeros cinco días de después de la carrera fueron muy intensos, porque empecé a procesar todavía más lo que había vivido. Los sacrificios para llegar a ese momento. También está la satisfacción de haber logrado la hazaña histórica de ser la primera mujer mexicana en esquí de fondo olímpico. Por otro lado, en el pasado ya le había ganado a algunas de las competidoras en el Mundial, entonces parte de mí estaba un poco molesta, decepcionada, porque no me fue mejor en cuanto a mi tiempo. Fueron emociones mixtas y muchas lágrimas, pero la mayoría fueron de felicidad. No dormí bien por casi dos semanas. Después fui a ver otras carreras, a otros amigos. Ya sin presión, sin estrés. - ¿Continúas todavía con esa desazón de que pudiste haber quedado en un lugar mejor, con un mejor tiempo? ¿O ya lo dejaste pasar y disfrutas el momento? Los dos. Por un lado, tengo esa espinita de que sé que en el pasado me ha ido mejor y que es parte de hacer deporte de alto rendimiento. Si ves los podios, todos a cada rato están cambiando. No es como que las mismas personas estén ganando siempre. Es algo normal, pero al mismo tiempo me motiva. Sé que puedo dar todavía más. Ya volví a entrenar para el próximo ciclo y para el Mundial, que viene en 2027. Tengo ya paz, estoy disfrutando el momento, pero también entreno con esa espinita. - Antes pensabas en otro ciclo olímpico, pero también has dicho que tu vocación está en la medicina... Estoy tratando de planear los próximos cuatro años. Hay cosas que quiero hacer mejor. Siento que la vida es corta, pero es más larga de lo que pensamos. Hay épocas y etapas para hacer todo. Sé que tengo el resto de mi vida para ser doctora y voy a seguir ejerciendo, porque me fascina y porque no quiero perder mis habilidades dentro del hospital. Sé que este es el momento para seguir con el deporte. Aunque no voy a dejar la medicina, quiero meterme todavía más en el esquí. Lo que sigue en estos próximos meses y años es buscar más patrocinadores para no tener la necesidad de trabajar, buscar una manera de hacer que los próximos cuatro años sean más sostenibles. Hacer las dos cosas en Miami requirió de mucho movimiento, mucho gasto, y quiero tener un poco más de estabilidad para hacerlo todavía mejor. Tuve que ahorrar por cuatro años, hice un plan financiero. Hasta caminé perros en Miami para ahorrar para tener mis esquís cuando estaba en la residencia. La Federación Mexicana de Esquí ayuda cuando puede, pero es mucho lo que se requiere. No puede hacer todo. La gran mayoría lo hice con mis ganas, con mi garra mexicana. Ojalá que para los próximos Juegos Olímpicos, al tener un poco más de apoyo, pueda estar todavía más enfocada en la consistencia de entrenar sin tener que preocuparme tanto. - ¿Y a corto plazo qué viene para ti, Regina? ¿Aún tienes pensado ir a Panamá de misiones médicas? Siento que mis vacaciones las hice el resto del tiempo en Italia. También ya me pica por entrenar, por mejorar. Sí quiero ir todavía a Panamá, pero como todavía es la temporada de nieve estoy viendo si puedo seguir entrenando en nieve hasta mayo. A lo mejor, en junio, ir a Panamá, que siempre ha sido un sueño hacerlo como médico. - ¿Qué mensaje tienes para quienes recién conocieron tu historia y están pensando en dedicarse al esquí o a cualquier deporte? Uno, por un lado, que se atrevan a soñar en grande. Que nada es imposible: sólo usar esa magia mexicana que tenemos y esa garra para luchar por nuestros sueños. Si quieren intentar el esquí, que no duden en mandarme un mensajito para asesorarlos, a ver cómo puedo ayudarlos a empezar. Esa es mi misión también: ayudar a crecer el deporte dentro de México e impulsar a las próximas generaciones en deportes de invierno. Además, en un año, más o menos, va a salir un documental que se llama Buscando Nieve, sobre mi camino a los Juegos Olímpicos. - Lo de ayudar a los nuevos talentos suena parecido a lo que hizo Germán Madrazo contigo, ¿no? Si. Ayudándonos entre mexicanos. Pasando la estafeta. Eso es parte de lo que quiero hacer con este proceso. Generar un poco más de ruido y de conciencia sobre este deporte. Ojalá pueda inspirar a las próximas generaciones. - ¿Te veremos en los Alpes Franceses en 2030? Ese es el plan (ríe). ¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí