Arrodillado, con la cabeza tapada por una capucha, tapándose los oídos mientras por la megafonía del Milano Ice Skating Arena retumbaba el sonido de múltiples notificaciones de un teléfono móvil. Así comenzó la impresionante exhibición de Ilia Malinin (Fairfax, Estados Unidos, 21 años) en la gala con la que el patinaje artístico se despidió de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026. El estadounidense, que hace un tiempo se autobautizó como ‘Dios del Quad’ (Quad God) por ser el primero en la historia en clavar un cuádruple Axel, maniobra que desde entonces le salía como churros, revivió con ese gesto la pesadilla que sufrió, supersticioso o no, el pasado viernes 13 de febrero, cuando colapsó en la final individual. En uno de los eventos más esperados de los Juegos, Malinin, que competía únicamente contra sí mismo, colapsó y se fue al hielo en dos ocasiones, perdiendo un oro que parecía cantado. Fue octavo, y abandonó la pista con la cara desencajada, entre lágrimas. “Ser la gran esperanza para el oro olímpico es mucho con lo que lidiar, especialmente a mi edad. En el escenario más grande del mundo, los que parecen ser los más fuertes pueden estar librando batallas invisibles en su interior”, reconoció el de Virginia, campeón mundial en los dos últimos años y que en sus últimos 14 eventos había vencido en 12 (en los otros dos fue segundo). Con frialdad, sin paños calientes, una de las más grandes estrellas de los Juegos admitió que la presión pudo con él. “Cuando iba a colocarme en la posición inicial, sentí como si todos los momentos traumáticos de mi vida inundaran mi cabeza. Demasiados pensamientos negativos entraron ahí y no lo gestioné”, añadió en su explicación Malinin, quien también señaló al ruido de las redes sociales como uno de los factores que desencadenaron sus minutos fatales, unos que ya forman parte de la historia negra del olimpismo. Según un estudio del Comité Olímpico Internacional realizado en 2023, en el que se recopilaron diversos datos, el 33,6% de los deportistas de élite, uno de cada tres, sufre de ansiedad y/o depresión. Además, el 26,4% experimenta serios problemas de salud mental después de retirarse. Ese estado de nervios, de presión, puede encontrar sus picos en una cita tan relevante como los Juegos Olímpicos, el gran escenario para muchísimos deportes de una menor visibilidad en el día a día, y que tienen el añadido de que la oportunidad se presenta tan solo una vez cada cuatro años. El caso de Malinin recordó, salvando las distancias, al episodio que vivió Simone Biles en Tokio 2021, donde se quedó sin sus ‘superpoderes’ por culpa de la cabeza y acabó retirándose durante un año. “La forma más honesta de describirlo es que es una gran presión, hay demasiadas miradas, demasiada atención, no solo de la gente o los aficionados, sino también de los medios de comunicación, es demasiado, y realmente puede afectarte si no estás preparado para asumirlo por completo”, describió Ilia sobre lo que sintió. Caprichos del destino, el doble tropiezo de Malinin tuvo como testigo a Biles, presente en las gradas. Enseguida, la gimnasta de 28 años, siete veces campeona olímpica y con 23 oros en Mundiales, escribió a su compatriota, con quien tuvo un encuentro unos días después. “Lo he vivido en primera persona, por lo que entré en modo protector. Fue desgarrador. Le mandé un par de mensajes con consejos de inmediato para que supiera que contaba con mi apoyo. Solo pretendía que supiera que hemos pasado por las mismas cosas y que se puede seguir adelante. Estaba preocupada por cómo estaría su salud mental. Cuando se espera que hagas una actuación inolvidable y no cumples, me preocupa cómo puede afectar a la salud mental y cómo lo va a percibir el mundo“, explicó Biles en Olympics.com. “Mientras le contaba lo que creía que podría estar pasando o cómo salir adelante, me dijo ‘Dios mío, sí, así es exactamente como me siento’. Creo que sólo así se supera”, detalló sobre el encuentro entre ambos. En todo el deporte lo hace, pero más si cabe en unos Juegos Olímpicos, el factor mental juega un papel primordial. “La preparación psicológica es como la preparación física. Exige una serie de programas y de procesos de entrenamiento que permitan potenciar las cualidades con las que llega el deportista. La gran diferencia de los Juegos con otros eventos es que el número, la cantidad o la intensidad de estímulos a los que tienes que enfrentarte son cualitativamente diferentes que cuando se entrena en un centro de alto rendimiento o incluso cuando se compite a elevados niveles”, explica el doctor Ricardo De la Vega, Profesor Titular de la Universidad Autónoma de Madrid en el Departamento de Ciencias del Deporte, especializado en la psicología deportiva. A la hora de señalar qué pudo salir mal en el proceso mental de Malinin durante su ejercicio, De la Vega es claro. “El problema no es el error. El error es algo tremendamente humano, forma parte de nuestro bagaje comportamental. El problema es la capacidad de adaptación ante el escenario del error”, indica sobre el colapso del estadounidense, que no pudo sobreponerse a su primera caída y tuvo una segunda que resultó letal. “Por ejemplo, a los jugadores de golf les digo que, de los 280 golpes que pegarán en un torneo, solo un 20% serán muy buenos, casi perfectos. Siempre va a haber algún tipo de margen de error con respecto a lo perfecto que quieres que te salga. Ahí, el punto de trabajo está en adaptarnos ante esos escenarios en los que la probabilidad del golpe 100% perfecto no existe. Lo que hay que hacer es entrenar formas adaptativas de responder ante los contextos”, cuenta el doctor. El caso del patinador estadounidense, además, ha puesto en el foco un frente relativamente reciente que reta a los deportistas, el de la presión añadida que absorben de las redes sociales. “Trabajo con un ejemplo que ayuda a los deportistas. Les digo que imaginen que vamos a atravesar una cueva enorme, oscura, y su objetivo es una luz pequeña que hay al final. A través de la cueva, tienen una linterna, un instrumento con el que pueden hacer dos cosas: llevas la luz hacia el foco, hacia el frente, hacia donde sabes que está la salida... y la cantidad de intensidad que pones. Las redes sociales son todos los ruidos, a veces son la familia, las expectativas inadecuadas, una lesión incluso, que hacen que lleve la linterna a lugares que no sean el foco. Cuando hago eso, además, la intensidad de la luz empieza a ser excesiva en cosas poco productivas. Igual que una linterna gasta energía, nosotros gastamos energía central en esos recursos que no deberían ir orientados a las redes, a comentarios de personas que uno no controla, a aspectos que no tienen que ver estrictamente con mi nivel de rendimiento en ese momento y en ese día”, relata De la Vega. Lo que no se le puede reprochar a Malinin es que, después de aquel día trágico, se haya escondido. Su forma de terapia, de sanar las dolorosas heridas, fue salir de la cueva de inmediato. Se vio al de Virginia por todos los lugares posibles de Milán-Cortina 2026: en diversas competiciones, de vuelta al hielo con ligeros entrenamientos en los que sí clavó cuádruples Axel, participando en retransmisiones televisivas y dando numerosas entrevistas, conociendo a personalidades como la mencionada Biles o Tom Brady, incluso saliendo de fiesta... En general, divirtiéndose. “Algo muy importante que hacemos en mi área es que no solo preparamos al deportista para que optimice su nivel de rendimiento en el día D, digamos, sino que tenemos que prepararle también para si las cosas no se dan como se espera, que sea capaz de adaptarse a los nuevos escenarios. Por ejemplo, después de un error. ¿Cómo responde el deportista cuando yo anticipo en alguno de los escenarios las respuestas que se pueden dar y no funcionan como creemos que pueden producirse? Entonces, digamos que desarrollamos toda una serie también de estrategias orientadas a la adquisición de competencias para ser capaces de adaptarnos del mejor modo posible, explica el experto a este medio. “Fue duro darme cuenta de que no había ido como quería. Pero ya estaba en el pasado, no podía cambiar nada para tener un resultado diferente. Tenía que aceptar lo que ocurrió y seguir adelante. Estoy listo para ver qué es lo que viene, estoy listo para darlo todo y volver mejor que nunca, para ver hasta dónde llega mi carrera”, explicó el joven, que no se puede pasar por alto que apenas tiene 21 años y que ha aprovechado todo lo acontecido para explotar su marca en redes sociales (ha ganado 1,4 de los 1,5 millones de seguidores que tiene en Instagram en las dos últimas semanas), sobre unos Juegos Olímpicos en los que su consuelo es que logró el oro junto con el equipo estadounidense. Aunque le sabe poco al Quad God, que terminó por dejar atrás su dolor en aquella emotiva gala, para la que era duda su presencia, en la que consiguió dejar el ruido a un lado. ¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí.